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Los Martínez repiten en el Gran Teatro Falla para semifinales. La letra y la música son de Julio Pardo Merelo, Julio Pardo Carrillo y Antonio Rivas. De la dirección se encarga Daniel Lucena.

Cuando pasan nueve minutos de las tres de la mañana, el coro de Julio Pardo sale a escena. El público se pone en pie y aplaude durante dos minutos en señal de homenaje al fallecido Julio Pardo. Como ya es habitual, Javi Aguilera sale e interpreta a un trabajador de oficina. Declara que siguen con el coro porque: «Martínez, lo que se empieza, se termina».

En la presentación, el coro dibuja un personaje cansado y estresado por la rutina. Sin embargo, este Martínez un día se cansa y pone pie en pared: «Martínez dijo no, esta no puede ser mi vida». A partir de entonces, empieza una nueva vida.

El primer tango habla del nacimiento y los primeros momentos de la vida de un bebé. Hablan de que se duermen cantándole un tango y de que el llanto es su forma de comunicarse. Reivindican que las familias pueden ser de muchas maneras, no todas deben nacer en parejas heterosexuales. Así, llegan al final del tango y reivindican que matar a un hijo por venganza es de mala persona, sea hombre o mujer: «el que mata a un chiquillo es un hijo de puta y ese es su nombre, ese es su nombre».

El segundo tango habla de que cada uno lleva sus presiones: «cada cual lleva su papelera». Mientras se meten papeles en la papelera del sombrero, indican que esa papelera se llena de problemas e impide soñar al portador. Es un total carpe diem y nos invita a preocuparnos menos y vivir más: «no lo olvides jamás, después de esta vida, después de esta aventura, se va tu cuerpo para la basura, para la basura».

En el primer cuplé, se le echa la culpa de todo a los chinos hasta del cambio del horóscopo y se comenta que Jesús Bienvenido canta mucho en el Pay Pay, conocida sala de Cádiz. En el segundo se trata con humor el consumo de droga y los resultados del Cádiz C.F. «Porque vida solo hay una y encontré mi gran fortuna… Libertad, libertad, libertad» es el final del estribillo de este coro.

En el popurrí, estos Martínez nos hacen partícipes de sus problemas y nos dicen que ya no cuentan los días ni las semanas, que ya lo más importante es despertarse cada mañana. Más tarde, dedican una cuarteta a la noche, la luna. Comentan la llegada de un día nuevo en el que tenemos la oportunidad de elegir nuestro destino.

Tras un emotivo aplauso y la despedida, se marchan estos Martínez a las tres y media pasadas.